domingo, 3 de octubre de 2010

Roca desnuda


Primero murieron los poetas, los pintores ya no plasmaron sueños imposibles, el músico olvidó la improvisación, los amantes olvidaron sus nombres, los revolucionarios ya no pensaron en el porvenir, los profetas dejaron de mirar al cielo, la niña se enredó al saltar la comba, el niño dejó de temer la oscuridad, los sueños se olvidaban al despertar...el mundo quedó en silencio, roto, vacío, como una roca estéril a la deriva espacial.

Oración


Mientras subía la escalinata circular del templo contempló sus sandalias de cuero raídas, la túnica rozaba el suelo, el sol implacable quemaba su rostro, tras subir miró al cielo y se despojó de vestiduras, el cuchillo de sílex en su manó trazó un signo en su pecho, las gotas de sangre cayeron al suelo de piedra. Cayó de rodillas notando una brisa húmeda, mientras se desvanecía miró nuevamente hacia arriba y con los brazos en cruz sonrió al notar las primeras gotas de fina lluvia, los dioses habían respondido complacidos...la sequía había acabado.

El mendigo


Mientras se envolvía en sus ropas deshechas miró hacia las murallas de la ciudad dormida, se alejó con rencor alzando el rostro con orgullo.Volvería y entonces el viento arrastraría sus palabras, ya no serían más de lamento y derrota, serían palabras de poder, arrancarían los goznes de los portones, separarían las piedras de las murallas que caerían con estrépito al río...ese día no habría perdón con los prisioneros,los enemigos dejarían de soñar...sobrevolaría la ciudad y su dragón saborearía el olor de los incendios, los gritos de los derrotados ya no podrían alcanzarle...

Tambores de guerra


Desde lo más profundo del bosque, hago sonar mis tambores de guerra, pinto mi cara con colores malditos, afilo mi hacha, enveneno mis flechas, me cuelgo la daga, abandono mi escudo...La selva vibra, los dioses me observan complacidos, tendrán sus ofrendas de sangre, sus enemigos serán exterminados... Los animales se callan, el suelo aguarda mis pisadas, terminó el tiempo de los discursos...es el tiempo de la lucha...

 


Futuridades

El chico que quiero ser se levantó de la cama de un salto, con la sonrisa en los labios recordó la frase que hacía que se consiguiera todo susurrándola al oído y la guardó para sí. Ganó la batalla al cesto de la ropa sucia y a los ácaros del polvo y salió a la calle silbando un viejo tema...Una cervecita y todo estaría en su sitio.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Vuelta a casa

Primero noto un dolor sordo en los oídos, después un sonido ronco como de tambores sordos que se acercaba. Tras tocarse la sién y notar algo húmedo y áspero comprendió que era su sangre y los sonidos no eran un peligro...eran sus latidos...seguía vivo. Lo segundo que noto fue una molestia en los ojos, la luz trataba de abrirse paso por la fuerza a través de sus pestañas...
Cuando consiguió normalizar su estado se incorporó y aspiró profundamente el aire del bosque...madreselvas, jaras y un olor lejano como de jazmines. Sí eran jazmines, que extraño encontrarlos entre tanta desolación. Una vez se puso en pie tambaleante, miró a su alrededor. Los pájaros cantaban ajenos a su dolor físico. Sus compañeros caídos ya no escucharían más cantos. Recogió su espada y salió al claro iluminado por el sol. Su ejército se reagrupaba. Ruido por todas partes, caballos relinchando, heridos, agonizantes, órdenes precipitadas, risas obscenas....habían vencido. Volvían a casa. A casa, ya era tiempo de recoger la primera cosecha del año. Los campos necesitaban más sus brazos que esta estúpida guerra. El hogar...y ella…No quería pensar en ella pero tenía que hacerlo, ¿cómo si no hubiera aguantado el invierno? Deseaba verla como en aquella canción de su aldea, con jazmines en el pelo, una sonrisa en el rostro, alzando su falda para correr por la colina verde, haciendo brotar las flores, ahuyentando el invierno...la muerte. Sí, sonrió al fin, era hora de volver a casa....

Alabanza de aldea

Mientras clavaba nuevamente la azada en el suelo se detuvo un instante, miró hacia el bosque cercano y notó una brisa suave que aspiró con fruición. Se acercaba la primavera, tras un tiempo arando y fertilizando brotaría la cosecha. Atrás dejó el ordenador, el trabajo, los amigos, la pena, la ciudad. Pronto anochecería y haría la cena. Su tierra era fértil, daría para vivir...Si fuera tan fácil hacer brotar nuevos recuerdos...


La caja china

Entonces comprendió que la vida era como una caja china, fácil de abrir pero complicada para recomponer las piezas. Tiró la caja al suelo, saltaron las piezas y tomó dos de ellas que unió en un ángulo extraño, las clavó en la pared y sonrió, luego quemó el resto y salió a pasear. Al volver quizá quemará también esas dos y comprará una caja nueva. La vida es hermosa.


jueves, 23 de septiembre de 2010

Rapto

Desde el bosque me llegan sonidos inquietos, las hadas se revuelven nerviosas, preguntan, buscan, revolotean por doquier...yo sonrío mientras sentado en mi sofá miro hacia mi chiminea...sobre ella tengo una botella, dentro está la reina de las hadas que me mira intrigada mientras sus alas la mantienen en el aire...no sé si está llena o medio vacía pero...¿me beberé esta botella?

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