Cuando consiguió normalizar su estado se incorporó y aspiró profundamente el aire del bosque...madreselvas, jaras y un olor lejano como de jazmines. Sí eran jazmines, que extraño encontrarlos entre tanta desolación. Una vez se puso en pie tambaleante, miró a su alrededor. Los pájaros cantaban ajenos a su dolor físico. Sus compañeros caídos ya no escucharían más cantos. Recogió su espada y salió al claro iluminado por el sol. Su ejército se reagrupaba. Ruido por todas partes, caballos relinchando, heridos, agonizantes, órdenes precipitadas, risas obscenas....habían vencido. Volvían a casa. A casa, ya era tiempo de recoger la primera cosecha del año. Los campos necesitaban más sus brazos que esta estúpida guerra. El hogar...y ella…No quería pensar en ella pero tenía que hacerlo, ¿cómo si no hubiera aguantado el invierno? Deseaba verla como en aquella canción de su aldea, con jazmines en el pelo, una sonrisa en el rostro, alzando su falda para correr por la colina verde, haciendo brotar las flores, ahuyentando el invierno...la muerte. Sí, sonrió al fin, era hora de volver a casa....
