Entonces comprendió que la vida era como una caja china, fácil de abrir pero complicada para recomponer las piezas. Tiró la caja al suelo, saltaron las piezas y tomó dos de ellas que unió en un ángulo extraño, las clavó en la pared y sonrió, luego quemó el resto y salió a pasear. Al volver quizá quemará también esas dos y comprará una caja nueva. La vida es hermosa.
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